
Desde Adentro
sí mi amor,
Dame, veni para acá...
Ahí viene síiiiiiiiiiiiii... Ahhhhhh...
sí mi amor,
Dame, veni para acá...
Ahí viene síiiiiiiiiiiiii... Ahhhhhh...
La paz en un instante se cobijo en sus almas, ni el SIDA, ni otras artimañas sexuales eran producto de la generación de los veinte pico que habitaba en nuestro país en la época de la sumisión.
Al mes y medio la sorpresa de que Susana estaba embarazada no les impidió a que a ella ni a Juan que dejaran de participar en los asuntos “contra la represión”. Eran partidarios de movimientos revolucionarios, pelos largos, barbas, escapadas, asambleas, manifestaciones por la lucha de los Derechos Humanos, eran de su compañía en esos oscuros días, Susana y él bebe que vivía en ella lo acompañaban a todos lados, sea donde sea, porque era su ideal todo para defender y respetar sus ideales, sus sentimientos, todo lo que querían para la vida que estaba creciendo en la panza de Susana, pero sabían de los riegos y conmiedos siguieron adelante...
En una noche de invierno pasadas las diez de la noche se habían enterado que al Chueco, un amigo de ellos lo habían chupado, sabían que no volvía, conociéndolo igualmente no se les paso por el corazón o por la cabeza que los vendería... ¡sí! al pedo por él porque los huevos le quedaron como chicharrones, pero el desgraciado los vendió...
Tranquilos, pensativos y tristes, sentados uno enfrente del otro cenando polenta con queso rayado, uno enfrente del otro mirándose; Susana cabeceaba hacía su interior colocando la mano en su panza que ya llevaba los ocho meses, Juan orgulloso, mimoso se acomodo y le dijo a la panza:
-. Ey, BEBE, no sé de que sexo sos, no sé si te llamaras Milagros o Ernesto, pero te aseguro que te voy a amar toda mi vida...
Estas fueron las últimas palabras que escucho su BEBE porque...
En un instante las luces contra la cortina, falcons verdes y milicos con metralletas entraron...
-. ¡¡¡CONTRA LA PARED SUBERSIVOS DE MIERDA! ! !.
-. ¡¡¡¡¡ NO LA TOQUE HIJO DE PUTA ESTÁ EMBARAZADA...! ! ! ! Casi no lo termino de expresar cuando un culatazo lo dejo bamboleante que se desvaneció contra el piso casi sin respiro.
-. Y QUE MIERDA TE IMPORTA SI NO LO VAS A CONOCER, SUVERSIVITO...
El milico tenía razón, no volverían a verse ninguno de los tres, nunca más.
Así Juan y Susana fueron separados, Juan fue a parar a una cárcel clandestina, para que hable, como no lo hizo después de muchas torturas lo tiraron en el rio.
A Susana le hicieron las peores cosas que la imaginación enferma de un milico pueda hacer, pero tubo a su hija, Milagros que fue atendida por una partera que la anoto en papeles con el nombre de Milagros Pineda, el apellido de Juan, tubo suerte porque la partera era amorosa y estaba a la fuerza, ella era encargada de atender y anotar los bebes con el nombre y el apellido que se les ocurriese pero siempre preguntaba porque sabía que un futuro podía ser buscada por su familia. No sé, si fueron dos milagros o la partera tubo que ver, me parece que se le fue la mano con los tranquilizantes y Susana conoció, beso a su hija y antes que un cabo un jefe de sección le sacara la beba por hijos de puta que eran, Susana murió.
Milagros, después de dos días fue a parar a Azul, porque unos amigos de unos milicos querían una beba y así fue que Milagros creció en este pueblo de provincia, a los tres años la mamá y el papá le contaron que era adoptada y a los seis ella preguntó, así fue creciendo con preguntas, desconcierto, historias que no cerraban.
Pero era una chica sana, con toda su vida por delante, reconocía parte de su pasado que a veces se hacía presente con signos de interrogación por cosas que los padres adoptivos no podían contestarle por la simple razón que no querían saber.
Con un secundario respetuoso en sus notas, ropa, hindú, colgantes, aros y anillos, mucha literatura pero sobre todo mucha historia recorría su metro setenta, con rulos rojizos, ojos verdes como la naturaleza después de la lluvia y el alma tan pura con los arroyos que cruzan esos campos, una dulzura de mujer.
Por esa cosa que tiene la vida un día en centro de Azul la Asociación H.I.J.O.S, realizó un evento para difundir su función. Milagros que era participe de las actividades culturales llego a la casa de la cultura y escucho un discurso y unas palabras claves quedaron resonado en su interior
-. La única manera de mantener en la Memoria a nuestros viejos es conocer y aceptar nuestro origen.
Los ideales de Milagros caminaban por los mismos ideales de la generación desaparecida haciendo la paz, otros tiempos, otro momento pero un solo origen.
Esa noche después de la piña entre mate, biscochitos, risas, cuerdas y curdas se fue a su casa, llego a su cuarto que estaba en un segundo piso, con un ventanal que miraba al sur acariciando el campo, se recostó en su cama, encendió un cigarrillo y pensó, ¿cómo buscar ese pasado sin lastimar a sus viejos?, ¿Cómo enfrentarse a su padrino que era militar en actividad y no escupirle la cara?, ¿Sus viejos lo entenderían?, ¿tendría hermanos, primos, abuelos, tíos?, un mundo nuevo iba a aparecer, cosas nuevas, sabía que si el interior le estaba golpeando la puerta no podía hacer eco y no contestar...
A la mañana siguiente levantó el teléfono y habló con Lucrecia su amiga de toda la vida, le dijo nos vamos a Buenos Aires.
Bajo desayuno con sus papás y les dijo, ustedes tal vez no me adoptaron de manera legal, pero sé que me dan día a día todo el apoyo y el todo el amor que más puedo recibir, voy a encontrarme con una identidad desconocida, sé que tengo su apoyo y los quiero porque ustedes son mis papás...
Ellos sabían que ese día iba a llegar como también sabían de la piña de la noche anterior...
Con un abrazo que valió más de mil palabras dejaron que su hija vaya en busca de lo que buscaba.
Milagro Castells, apellido de sus padres adoptivos, llegó a Buenos Aires y se dirijo a las Abuelas de Plaza De Mayo, llegó y la recibieron espero unos minutos en un salita de espera.
-. Elena, tenes que irte a buscar a tus nietos al colegio, le grito Malela.
Ella le contestó espérate que ya voy, hago pasar a esta chica y voy pa’ lla.
Entonces Milagros le contó que estaba buscando a su familia de origen, y conversando entre mates, risas y emociones, Elena le preguntó como era su apellido y le dijo que era Castells y el de sus padres biológicos Pineda, la pobre señora no pudo contener y rompió en llanto. Era su abuela.
La vida tiene esos momentos en que todo parece encajar como un buen castrix, ¿la casualidad?, no hay respuestas precisas acá hubo hechos, Milagro descubrió que tenía tíos, sobrinos de quince, trece, ocho, seis, cuatro años y un bebe de dos meses, así muchas preguntas muchas anécdotas y toda una vida había amanecido.
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